Orígenes de la Terapia de Juego

La Terapia de Juego es una disciplina terapéutica desarrollada por la aportación y práctica de diversas autoras, que empezó a crearse antes de que se le denominara así y de conocerlo como lo hacemos hoy en día. Las primeras personas en percatarse del poder terapéutico del juego en la infancia y en abrir camino fueron Anna Freud (1928), Margaret Lowenfeld (1935), Melanie Klein (1961) y Donald Woods Winnicott (1932). Todas ellas eran terapeutas psicoanalíticas que descubrieron el valor terapéutico del juego en su propia práctica. Emplearon el juego en la psicoterapia infantil y atribuyeron al juego propio de la infancia los mismos elementos de la asociación libre del psicoanálisis de personas adultas.

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Aceptar a la persona menor sin críticas ni rechazo.

Por otro lado Carl Jung (1940) y Frances Wickes (1963-­1977) también hicieron aportaciones importantes en torno al contenido simbólico del juego infantil. El cambio más importante, sin embargo, se dió cuando Virginia Axline (1969) denominó y delimitó el término Terapia de Juego, ya que adaptó el psicoanálisis a la Psicoterapia Centrada en el Cliente de Carl Rogers. Ella fue la que creó la llamada Terapia de Juego no directiva. La terapeuta infantil más reseñable y la que ha continuado con el camino emprendido por Axline es Violet Oacklander (1988).

Estos son los 8 principios de la Terapia de Juego según Virginia Axline:

1- Establecer una relación amigable, con afecto, atención y respeto.

2- Aceptar a la persona menor como individuo.

3- Establecer una actitud de permisividad.

4- Reconocer y valorar los sentimientos de la persona menor.

5- Conservar el respeto hacia la persona menor.

6- La persona menor guía el camino, la terapeuta le sigue.

7- La terapia no debe ser apresurada.

8- Establecer los límites que sean necesarios.